Mi novia dice que, con los posts que cuelgo en este bloc, puede parecer que el cómic va a ser un tostón aburrido. Yo soy optimista y pienso que "puede parecer" quiere decir que "no es", así que el cómic no va a ser un tostón y ya me quedo tranquilo. A ella le preocupa la opinión precipitada que pueda llevarse la gente, con todas las cosas históricas éstas, que si la mitología griega, y la cultura árabe y yo-qué-sé qué más. Hombre, el cómic nació para el concurso
Dibujando entre culturas, y se trataba de sacarle el dobladillo a ciertos hechos culturales sobre el Mediterráneo, y luego añadir a la mezcla a algunos sectarios, a Lovecraft, monstruos, relaciones de pareja a distancia, super-héroes homosexuales, la Atlántida y chistes malos, sobre todo del tipo "¿Me estás diciendo que...?". Ah, y a Julio Verne, claro.
Si alguien va a ser capaz de tragarse tal potaje, eso ya no lo sé.
Pero la cosa no va, en ningún caso, de ponerse
cultureta.
Aun así, las tradiciones, las leyendas y todo eso, siguen pareciéndome una buena fuente de bromas y chorradas. Por ejemplo, la leyenda esa, de los hashashins y Alamut... ¿la incluyo o no? Porque, veréis, no es muy mediterránea, pero tampoco queda tan lejos y tiene su miga. Los hashashins eran una secta de asesinos, y sus jefes tenían un buen método para mantener a sus miembros motivados: los drogaban, esperaban a que se durmieran, y luego los llevaban a un jardín secreto que había en la fortaleza de Alamut. Los hombres se despertaban allí, donde les hacían creer que aquel jardín idílico (pero muy terrenal) era el Paraíso, y luego, cuando volvían a dormirse, los volvían a sacar a fuera sin que se enteraran.
Al final, los hashashins creían haber visitado brevemente el Paraíso, así que tenían una noción bastante clara de dónde irían a parar si morían por la causa. ¡Es el tipo de ayuda que estimula la fe de uno!
Sí, es una manzana. Es lo único que se me ha ocurrido, relacionado con lo del Paraíso y tal, que
yo supiese dibujar en paint. ¡Absurdos consejos de Néstor...!
Luego caí en la cuenta que, si existiese un lugar en qué cada persona pudiese ver su propio Paraíso (una Alamut mejorada), cada uno encontraría allí algo distinto, por supuesto. Y que la cosa sería bastante vergonzosa, en realidad. Si alguien pudiera ver mi Paraíso, por ejemplo, sería una cosa muy cursi, con romanticismos empalagosos, y al mismo tiempo obscenamente sexual: el tipo de vídeo incómodo de ver desde el sofá de tu casa, comiendo palomitas, con tu familia alrededor.
Aunque tal vez esto último fuera a ser igual para todo el mundo...
Ahora imaginaos que una mujer cotilla tuviera el control de esa nueva Alamut. ¡Sería una auténtica aficionada a husmear en los paraísos ajenos! Yo me la imagino soltando chismorreos todo el rato, sobre que si no sabes tú lo que vi en el Paraíso de Antonio, que si no te lo vas a creer pero en el de Roberto había un montón de hombres desnudos, y que Ángela debe ser una
auténtica mojigata, porque en su Paraíso sólo había ardillas y ella no dejaba de darles de comer.
Las personas chismosas pueden ser un auténtico obstáculo cuando se trata de salvar el mundo y, aunque también son entrañables, yo me imagino a Ezequiel pasando un mal rato, justo antes de ir a despachar al enemigo final, cuando los otros le digan que va a ser su propio Paraíso el que saldrá proyectado en la pantalla.
Todo esto si al final cabe, por supuesto, y si para entonces todavía tiene sentido.